Batman: la Caída del Murciélago (Parte III)

10 de junio de 2014. 4 de la madrugada. Todos los que estuvimos siguiendo el E3 de aquel año estábamos medio dormidos después de tanta conferencia seguida. Pero era el turno de PlayStation, así que dormir no formaba parte de nuestros planes. Vimos con caras de cansancio los trailers de No Man’s Sky (luego dieron mucho que hablar, claro), Little Big Planet 3, Battlefield Hardline… y de pronto, se apagaron las luces, y unas llamaradas formaron el símbolo de Batman. Me vine arribísima.

Puede parecer una tontería, pero recuerdo perfectamente aquella noche porque fue la primera vez que viví en tiempo real una campaña de marketing de una de mis sagas favoritas. Había jugado los tres anteriores títulos a destiempo, ya que descubrí los juegos de Rocksteady gracias a la edición GOTY de Arkham City (es decir: demasiado tarde). Pero, de cierta manera, fue ese juego lo que me convirtió en un fanático del hombre murciélago y me empujó a ver la famosa trilogía de Nolan, que había evitado hasta ese momento diciendo que “yo es que no soy muy de superhéroes”. Casi una década después, soy lector asiduo de sus comics, fan de la serie de animación de los 90 y podría citar películas enteras gracias al millón de veces que he visto cada una de ellas.

Y sí, eso incluye el infame Batman v Superman, segunda peor película de la historia según nos contó Ruben en algún episodio del podcast.

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Volvamos a la feria de Los Angeles. Aquella noche vimos gameplay de la última entrega de la serie, uno de esos tráileres que en lugar de cinemáticas muestran una partida real, y el hincapié que dicho vídeo hizo en el Batmóvil no dejó indiferente a nadie. La gran apuesta de Rocksteady para el cierre de su saga más importante era el vehículo a cuatro ruedas, superdeportivo y tanque a partes iguales, que toda versión del caballero oscuro debe tener. Por supuesto, dicha novedad fue recibida con muchísimo entusiasmo, ya que los fans llevábamos tiempo queriendo conducir el famoso coche que ya había tenido un cameo en Arkham Asylum, a pesar de no poder controlarlo el jugador. Aun así, cuando el juego por fin llegó a nuestras manos, las opiniones no fueron muy positivas. Pero no adelantemos acontecimientos.

En una entrevista, un medio de cuyo nombre no puedo acordarme, preguntó al director de la trilogía si el último juego seguiría los pasos de su predecesor bastardo, ese Arkham Origins del que ya hablamos en la entrega anterior, y tendría algún tipo de viaje rápido para navegar las calles de Gotham a toda velocidad. Sefton Hill contestó con una sonrisa de oreja a oreja. “Tenemos el mejor viaje rápido: el Batmóvil“. Y es que, efectivamente, el mítico vehículo era la forma perfecta de moverse de un lado al otro, gracias a una ciudad diseñada con una estructura que favoreciera el movimiento en coche. Dividir Gotham en tres zonas colocadas de forma triangular puede parecer una decisión trivial, pero consigue que para acceder a cualquiera de ellas, nunca haga falta atravesar zonas intermedias. Puede que parezca una tontería, pero es una decisión que se agradece (y mucho) a lo largo de las más de 20 horas de juego: todo queda a tiro de piedra, sin tener que conducir durante mucho tiempo ni tener que soportar pantallas de carga.

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Esos viajes se realizan conduciendo el Batmóvil de la manera más normal, como se conduciría un coche deportivo sacado de Fast & Furious. Cuenta, como es habitual en este tipo de juegos, con un turbo, un extra limitado de velocidad que gamifica ciertos viajes y persecuciones, ya que requiere un tiempo de carga para poder usarlo, y por tanto, conviene que sea un as en la manga para cuando tengamos que realizar un salto al más puro estilo Alerta Cobra. Ese mismo turbo sirve también como maniobra ofensiva, ya que activarlo mientras estamos a rebufo de vehículos enemigos sirve para embestirlos y que salten por los aires (se ha escrito mucho sobre cómo esto rompe la promesa de Bruce Wayne de no matar a nadie, así que pasemos eso por alto…). Por último, en este modo carrera también se pueden lanzar unos misiles para acabar con vehículos que estemos persiguiendo.

Claro que al murciélago no le basta con recorrer Gotham a gran velocidad. También necesita poder combatir sobre ruedas, por lo que su Batmóvil puede utilizarse como si de un tanque se tratara. Con tan solo mantener pulsado el gatillo izquierdo del mando, el vehículo pasa a controlarse con un control que permite moverse en cualquier dirección, es decir, pudiendo hacer movimientos laterales. Gracias a este modo, podremos esquivar los disparos que los drones enemigos nos lanzan, mientras esperamos que nuestros misiles se carguen para poder pasar al ataque. Rocksteady trató de replicar los diferentes tipos de combate que podemos encontrar en la trilogía, adaptándolos al tanque del caballero oscuro. Por lo tanto, también intentaron adaptar los escenarios de sigilo, creando tanques que cuentan con escáneres en su parte delantera por lo que toca atacarlos por detrás.

Este modo de juego ha recibido duras críticas por parte de la comunidad, en parte por su escasez de mecánicas interesantes, pero también porque estas situaciones se repiten hasta la saciedad. En cierto momento del juego, el vehículo es destruído por completo, cosa que el juego presenta como un hecho catastrófico, pero en poco tiempo es reemplazado por un segundo Batmóvil. La aparición del nuevo coche cuenta con música épica y un guion que pretende ilusionar al jugador, pero me atrevería a decir que el efecto es justamente opuesto. Cuando por fin pensábamos que el juego tendría más variedad gracias a librarse del lastre que supone el vehículo por su carencia de mecánicas, vuelve para quedarse… y lo primero que hace el jugador es una batalla contra drones exactamente igual que las doscientas anteriores.

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Algunos de los combates más esperados por los fans se resolvían mediante peleas de tanques, lo cual fue la gota que colmó el vaso. Habíamos podido luchar contra Deathstroke en la precuela desarrollada WB Montreal, pero estábamos ansiosos por ver cómo resolvería dicha situación Rocksteady, ya que el villano cuenta con unos reflejos de acero y supone un reto enorme para el cruzado de la capa: es el único villano tan habilidoso en artes marciales como él. Pues el gran final de su trama secundaria no es más que un enfrentamiento entre tanques, exactamente igual al de un mini-boss de la campaña principal. Una decepción mayúscula para los seguidores más fieles, sin duda.

Pero probablemente lo peor de este cuarto pilar que es el Batmóvil sea que, de forma pasiva, hace que los demás pilares fundamentales del juego funcionen peor. Principalmente, porque lleva muchísimas partes del juego al nivel del suelo. La mayoría de puzzles que propone Riddler, muchas de las misiones secundarias (como la liberación de las carreteras, la destrucción de explosivos y persecución de vehículos) y otros elementos del juego han de ser accesibles con el coche, así que para desarrollar ciertas tramas es necesario viajar por las carreteras de la ciudad. Esto hace que el juego nos anime muy poco a sobrevolar los edificios, lo cual resta muchísimo interés a la arquitectura de Gotham desde un punto de vista de diseño del mapa. Son muchísimos los juegos que nos animan a conducir, por lo que es una idea desastrosa que Arkham Knight nos anime a no planear, uno de los elementos diferenciadores y más divertidos con los que cuenta el título de Rocksteady.

Meter ese pilar extra no fue buena idea. Intentaron colocar una carta más y como resultado, el castillo de naipes comenzó a derrumbarse. El cierre de la trilogía Arkham sigue siendo un juego más que disfrutable, lleno de momentos memorables y una historia épica que sirve como colofón final a las aventuras del personaje en los anteriores juegos. Pero, en gran parte, ese recuerdo se ve nublado por los tediosos momentos con el Batmóvil, lo cual no deja de ser una pena: era el momento de hacer un juego tan redondo como Arkham City para una nueva generación de consolas, y ese esfuerzo se ha visto eclipsado por la torpeza a la hora de implementar una de las peticiones constantes de los fans.

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Pero esto no ha terminado. Rocksteady ha dado carpetazo a su saga y no sabemos en qué han estado trabajando durante el último lustro, pero Warner Bros no va a dejar de exprimir esta gallina de los huevos de oro. Los mismos desarrolladores que nos trajeron Arkham Origins están trabajando en un quinto título para la franquicia, título del que aún no conocemos demasiados detalles. No nos han mostrado más que un logo, pero eso confirma los rumores que decían que sería un juego basando en “El Tribunal de los Búhos”, la mítica saga escrita por Scott Snyder hace casi diez años. Conocido por ser uno de los mejores comics sobre el hombre murciélago de los últimos tiempos, puede que sea la ocasión perfecta para que WB Montreal se redima. Villanos que no han tenido cabida en los videojuegos hasta la fecha, una historia en la que la arquitectura tiene una importancia capital… Quién sabe, tal vez se trate de un cierre menos agridulce que el de Rocksteady.

Hasta entonces, nos quedarán los recuerdos de los pilares de Arkham, los muros derribados y la caída del murciélago.

Xabi Linazasoro@trikuxabiMy Movie Collection

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